El despertar de Kundalini asistido por el Gurú, es el despertar de las facultades etéricas que confiere nuevos poderes y revela fenómenos que están más allá de la comprensión de la mayoría de los hombres...
Nuestro Maestro conoce todo nuestro pasado, porque, al igual que la rosa se abre para saludar la luz del día, él fue el primero en bendecir la llegada de nuestra alma al mundo. Día y noche, busca por todos los medios hacerse oír y entender, pero noche y día nos tapamos los ojos y los oídos. No ha habido un solo día en que nuestro Gurú no haya hecho todo lo posible por atraer nuestra atención. Sabe que todavía no ha llegado el momento en el que volverá a ponernos la joya de nuestra última consagración, pero sabe también que el tiempo es nuestro peor aliado. Su paciencia es eterna y la confianza que nos concede infinita. Mas quizas nosotros no dispongamos de tanto tiempo...
No tiene ninguna duda de que algún día como discípulos alcanzaremos nuestro fin, ya que, a pesar de nuestros errores y dudas, tras ser aceptados en el camino del discípulo, nos es imposible sustraernos a nuestro destino cósmico. Nuestro dolor es la eterna añoranza de un lejano pasado glorioso, nuestra pena es creer que hemos olvidado, nuestro mayor error es conformarnos con tan poco como este sucedáneo de vida. Nuestro único poder es aplicar positivamente nuestro libre albedrío, templar nuestra voluntad de guerreros, a fin de que nuestro retorno al reino divino, se haga lo más rápidamente posible y en las mejores condiciones. Para ello como persona unida al Maestro, te daré una clave: separa los sucesos en tu mente, de forma que aquello que te ocupa en el presente, no te preocupe en el momento siguiente…
Todos podemos ver más allá y, sin embargo, elegimos no recordar lo que vemos. La diferencia básica entre un ser corriente y un Maestro es que, para un Maestro, todo es como un desafío, mientras que, para el hombre corriente, todo es como una bendición o una maldición. Un Maestro no gana victorias golpeándose la cabeza contra los muros, sino rebasándolos. Los Yoguis saltamos los muros, no los derribamos. Cuando un hombre se preocupa, se aferra a cualquier cosa por desesperación y, una vez que se aferra, forzosamente se agota, o agota a la cosa o a la persona a la que está aferrado. Un Maestro, en cambio, sabe que obtendrá de la vida aquello que precise una y otra vez, así que no se preocupa. Preocuparse es ponerse al alcance, al alcance una y otra vez, del dolor sin saberlo. SAT NAM.
No tiene ninguna duda de que algún día como discípulos alcanzaremos nuestro fin, ya que, a pesar de nuestros errores y dudas, tras ser aceptados en el camino del discípulo, nos es imposible sustraernos a nuestro destino cósmico. Nuestro dolor es la eterna añoranza de un lejano pasado glorioso, nuestra pena es creer que hemos olvidado, nuestro mayor error es conformarnos con tan poco como este sucedáneo de vida. Nuestro único poder es aplicar positivamente nuestro libre albedrío, templar nuestra voluntad de guerreros, a fin de que nuestro retorno al reino divino, se haga lo más rápidamente posible y en las mejores condiciones. Para ello como persona unida al Maestro, te daré una clave: separa los sucesos en tu mente, de forma que aquello que te ocupa en el presente, no te preocupe en el momento siguiente…
Todos podemos ver más allá y, sin embargo, elegimos no recordar lo que vemos. La diferencia básica entre un ser corriente y un Maestro es que, para un Maestro, todo es como un desafío, mientras que, para el hombre corriente, todo es como una bendición o una maldición. Un Maestro no gana victorias golpeándose la cabeza contra los muros, sino rebasándolos. Los Yoguis saltamos los muros, no los derribamos. Cuando un hombre se preocupa, se aferra a cualquier cosa por desesperación y, una vez que se aferra, forzosamente se agota, o agota a la cosa o a la persona a la que está aferrado. Un Maestro, en cambio, sabe que obtendrá de la vida aquello que precise una y otra vez, así que no se preocupa. Preocuparse es ponerse al alcance, al alcance una y otra vez, del dolor sin saberlo. SAT NAM.