Hoy resultan para todo el mundo innegables los poderes curativos del yoga, no solo es posible controlar el estrés a través del arte del yoga, si no que numerosas condiciones médicas pueden ser mejoradas a través de la antigua práctica del yoga. Si se hacen correctamente los ejercicios, asanas, respiración y meditación los poderes curativos del yoga pueden disminuir los efectos negativos de la enfermedad pulmonar, infertilidad, enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple, insomnio, cáncer, presión arterial alta y dolor en las articulaciones. Los beneficios de practicar yoga son reconocidos no sólo en la comunidad del yoga, sino también por los médicos en todo el mundo médico.
PODERES CURATIVOS DEL YOGA: El estrés que sufren las personas es uno de los principales elementos responsables de un gran número de enfermedades, el estrés es también una condición negativa que desarrollamos en nuestras mentes. Con la práctica y control de los hábitos el estrés puede ser reducido mediante el uso de técnicas de yoga. Una breve lista de los problemas que están relacionados con una respuesta de estrés: depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, algunos tipos de diabetes mellitus, enfermedades cardiovasculares, varias enfermedades autoinmunes, síndrome del intestino irritable, colitis, problemas reproductivos, y una supresión agravada del sistema inmunológico.
En respuesta al estrés del sistema nervioso simpático puede causar estragos en nuestro metabolismo. En las reacciones a diversos estímulos externos que se conocen como la "lucha o huida" de la mente y el cuerpo cuando se enfrentan a una fuerza que les hace sentirse en peligro o molestar, obligándoles a prepararse para una de las dos opciones. Esto se manifiesta físicamente a través de un aumento instantáneo de la frecuencia cardiaca, junto con un rápido aumento de la presión arterial. La respiración en estas situaciones se vuelve superficial y los músculos se ponen tensos a la espera de la siguiente acción. Esto a su vez produce una respuesta en que se reduce el flujo sanguíneo a los órganos internos y los procesos que no son esenciales en ese momento en particular. Procesos como la digestión y la eliminación se apagan literalmente. Este estado mayor de la conciencia y la disposición es beneficioso en el corto plazo para preparar nuestro cuerpo para reaccionar a las intervenciones externas y estímulos.
Ya sea en una "lucha" o una situación de "huida", el cuerpo es física y mentalmente preparado para actuar. Los problemas surgen cuando la exposición prolongada al estrés similar tiene lugar. Esta respuesta aumentada es solo para ayudar durante cortos períodos de tiempo, pasado el tiempo en que nuestros niveles de estrés se elevan los recursos del cuerpo tendrá que volver a funcionar con normalidad. El exceso de estrés no es un producto natural de contramedidas para la "lucha o huida". Los poderes curativos del yoga producen una respuesta natural al relajar el sistema nervioso parasimpático conocida como la respuesta de relajación. De manera natural se activa automáticamente cuando los elementos que han causado el estrés se han ido, aunque también es posible lograr aumentar sus efectos a través de la práctica regular de yoga. Al aumentar la duración de este proceso por medio de los poderes curativos del yoga proporcionamos a nuestro cuerpo una recuperación más rápida, lo que permite eliminar los efectos dañinos del estrés de una manera rápida y eficiente.
La idea es que mediante el uso de técnicas de respiración y relajación realizadas en las asanas de yoga se activen los poderes curativos del cuerpo humano y puedan reducirse los efectos perjudiciales que el estrés pone en el organismo. Esto también se puede lograr mediante análisis de los factores adversos, como interpretar los sucesos como desafíos, retos, problemas en lugar de amenazas. Este enfoque yoga le permite a nuestra mente concentrarse en la búsqueda de soluciones, en lugar de crear una respuesta abrupta. Otro concepto empleado por esta técnica de yoga es la de actuar frente a la reacción, de tomar la iniciativa frente a la respuesta a factores externos.
Los innegables efectos de los poderes curativos del yoga que se utilizan en forma de posturas, respiración, relajación y meditación durante el proceso de curación están bien documentados por la medicina. A pesar de esto, las técnicas de yoga sólo se deben utilizar como una forma de apoyo y no confiar en ellas como el único tratamiento para el estrés en cualquier persona. Para lograr los mejores resultados se deben combinar los poderes curativos del yoga con la medicina tradicional y la ciencia moderna, haciendo frente al problema del estrés, tanto desde el punto de vista físico, mental y espiritual.
Gurú Yoga aprender Yoga con un Maestro
Gurú Yoga es Yoga de Maestro a discípulo. Son muchos los obstáculos que se alzan en el camino del buscador que desea entrar al Sendero, el más serio, fundamental y de mayor alcance es el estar concentrados en sí mismos. Nótese que no me refiero con esto al feo y crudo egoísmo que definitivamente busca todo para sí aún a costa de los demás. Estoy, por supuesto, suponiendo que eso por lo menos quedó atrás hace tiempo. Pero aún para quienes dejaron eso atrás hay aún otro peligro (tan sutil y profundamente enraizado que ni siquiera lo reconocen como un peligro) sin duda, ni siquiera están conscientes de su existencia. Pero si dejamos que cada hombre se examine a sí mismo honesta e imparcialmente, hallará que todo su pensamiento está concentrado en sí mismo. Piensa con frecuencia en otras personas y en otras cosas, pero siempre en relación consigo mismo
La gente común teje entre sí muchos dramas imaginarios, pero ellos, sus personas, siempre ocupan un lugar preponderante en los mismos. Cambiarle al díscípulo una cualidad tan fundamental es cambiarle la raíz de todas las cosas, convertirlo en un hombre completamente distinto. Muchas personas no pueden, ni por un momento, enfrentarse a la posibilidad de un cambio tan radical, porque ni siquiera saben que esa condición existe. Sin embargo, esa condición es absolutamente fatal para lograr algún progreso. Hay que cambiarla radicalmente y, no obstante, son muy pocos los que hacen algún intento para cambiarla.
Esto que el hombre común hace constantemente sin conciencia, el discípulo de un Maestro debe hacerlo conscientemente. El buscador tiene que destronarse a sí mismo del centro de su vida y colocar allí a su Maestro. Hasta ahora, ha tenido el hábito de pensar instintivamente cómo algo le va a afectar, o qué logrará con eso, o cómo obtener ganancias o placer con ello. En vez de esto, ahora deberá aprender a pensar cómo todas las cosas afectan al Maestro, y puesto que el Maestro vive solamente para ayudar a la evolución de la humanidad, ello significa que deberá contemplarlo todo desde el punto de vista de su utilidad o su entorpecimiento para la causa de la evolución.
Pero esta no será tarea fácil, incluso cuando se haya destronado a sí mismo y haya entronizado el trabajo que tiene que hacer, debe ser muy cuidadoso para no engañarse, y que la vieja forma de estar concentrado en sí mismo no vaya a regresar de una manera más sutil. Muchos buenos y dedicados discípulos que he conocido han cometido el error de identificar la tarea mística consigo mismos, esto sólo significa que el ego ha vuelto a ocupar su viejo lugar en el centro del círculo, y que hay que comenzar nuevamente la ardua tarea de desalojarlo de allí.
Es muy conveniente también, en este sentido, tener mucho cuidado de no ser el centro de nuestro propio círculo. Un buen plan que podría adoptar para evitar volver al centro de sí mismo puede ser el de recordar, el sendero oculto del curso y la influencia de los planetas. Visualizando que cada planeta es un foco menor en un eclipse, y que el foco mayor es el cuerpo del sol. Cada uno de los discípulos es el foco menor. Ellos avanzan con su propio curso haciendo el trabajo que se les encarga y, sin embargo, en todo momento son un reflejo de un foco mayor y su conciencia se concentra en el sol, porque el Maestro del cual ellos son parte, es miembro de una Gran Jerarquía que siempre está realizando el trabajo del Creador del Universo.
Cuando una persona se cree el centro de su propio círculo, está cometiendo perpetuamente el error de suponer que él es el centro de todos los demás. Constantemente supone que en todo lo que otras personas hacen o dicen están de alguna manera pensando en él o haciendo observaciones sobre su persona, hasta que esto se convierte en una especie de obsesión, y son totalmente incapaces de comprender que cada uno de sus vecinos, como regla general, también está enteramente envuelto en sí mismo y no piensa para nada en él. Si el Maestro estuviera en el centro del círculo, y todas sus energías estuviesen concentradas en servirle, su vida evolucionaría y su círculo se iría ampliando y al final llegaría un momento en que su círculo seria infinito en extensión, y luego, en cierto sentido, él, nuevamente, será su centro, porque se habrá identificado con el Logos, que es el centro de todos los posibles círculos, puesto que cada punto es equidistante del centro de un círculo cuyo radio es infinito.
La gente común teje entre sí muchos dramas imaginarios, pero ellos, sus personas, siempre ocupan un lugar preponderante en los mismos. Cambiarle al díscípulo una cualidad tan fundamental es cambiarle la raíz de todas las cosas, convertirlo en un hombre completamente distinto. Muchas personas no pueden, ni por un momento, enfrentarse a la posibilidad de un cambio tan radical, porque ni siquiera saben que esa condición existe. Sin embargo, esa condición es absolutamente fatal para lograr algún progreso. Hay que cambiarla radicalmente y, no obstante, son muy pocos los que hacen algún intento para cambiarla.
Esto que el hombre común hace constantemente sin conciencia, el discípulo de un Maestro debe hacerlo conscientemente. El buscador tiene que destronarse a sí mismo del centro de su vida y colocar allí a su Maestro. Hasta ahora, ha tenido el hábito de pensar instintivamente cómo algo le va a afectar, o qué logrará con eso, o cómo obtener ganancias o placer con ello. En vez de esto, ahora deberá aprender a pensar cómo todas las cosas afectan al Maestro, y puesto que el Maestro vive solamente para ayudar a la evolución de la humanidad, ello significa que deberá contemplarlo todo desde el punto de vista de su utilidad o su entorpecimiento para la causa de la evolución.
Pero esta no será tarea fácil, incluso cuando se haya destronado a sí mismo y haya entronizado el trabajo que tiene que hacer, debe ser muy cuidadoso para no engañarse, y que la vieja forma de estar concentrado en sí mismo no vaya a regresar de una manera más sutil. Muchos buenos y dedicados discípulos que he conocido han cometido el error de identificar la tarea mística consigo mismos, esto sólo significa que el ego ha vuelto a ocupar su viejo lugar en el centro del círculo, y que hay que comenzar nuevamente la ardua tarea de desalojarlo de allí.
Es muy conveniente también, en este sentido, tener mucho cuidado de no ser el centro de nuestro propio círculo. Un buen plan que podría adoptar para evitar volver al centro de sí mismo puede ser el de recordar, el sendero oculto del curso y la influencia de los planetas. Visualizando que cada planeta es un foco menor en un eclipse, y que el foco mayor es el cuerpo del sol. Cada uno de los discípulos es el foco menor. Ellos avanzan con su propio curso haciendo el trabajo que se les encarga y, sin embargo, en todo momento son un reflejo de un foco mayor y su conciencia se concentra en el sol, porque el Maestro del cual ellos son parte, es miembro de una Gran Jerarquía que siempre está realizando el trabajo del Creador del Universo.
Cuando una persona se cree el centro de su propio círculo, está cometiendo perpetuamente el error de suponer que él es el centro de todos los demás. Constantemente supone que en todo lo que otras personas hacen o dicen están de alguna manera pensando en él o haciendo observaciones sobre su persona, hasta que esto se convierte en una especie de obsesión, y son totalmente incapaces de comprender que cada uno de sus vecinos, como regla general, también está enteramente envuelto en sí mismo y no piensa para nada en él. Si el Maestro estuviera en el centro del círculo, y todas sus energías estuviesen concentradas en servirle, su vida evolucionaría y su círculo se iría ampliando y al final llegaría un momento en que su círculo seria infinito en extensión, y luego, en cierto sentido, él, nuevamente, será su centro, porque se habrá identificado con el Logos, que es el centro de todos los posibles círculos, puesto que cada punto es equidistante del centro de un círculo cuyo radio es infinito.
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Tanumanasi
Guru Yoga: La labor del Maestro
En Gurú Yoga, la vida del discipulo esta supeditada a la labor del Maestro. La evolución del discípulo se fundamenta en un largo proceso de construcción, para una final destrucción, de orden para un posterior desorden, de desarrollo de ciertos procesas rítmicos, a fin de romperlos y luego obligar al antiguo ritmo a que ceda su lugar a otra nuevo. Aquello que el ego ha tardado muchos cientos de vidas en establecer como cierto, no será fácilmente alterado, cuando el Maestro actuando en la conciencia inferior trate de efectuar un cambio.El cambio de polarización auspiciado por el Maestro, del cuerpo emotivo o astral, al cuerpo mental, de éste al plano de las causas y, más tarde, a la la Trinidad del Espíritu, implica sin remedio un tiempo de gran dificultad, de violento conflicto, tanto interior como con el medio ambiente, de sufrimiento intensísimo y de aparente oscuridad y desintegración; todo esto caracteriza la vida del chela o del discípulo.
Para pasar este proceso con rapidez, no se debe de fijar la atención en nuestra pequeña y miserable vida. Debemos meditar sobre el Chakra del corazón, imaginar Anahata, como un loto dorado y cerrado. Al pronunciar el nombre del Guru, se debe visualizar este loto expandiéndose lentamente, hasta ver el centro o vértice interno como un radiante remolino de luz eléctrica, más azul que dorada. Crear allí la imagen del Guru, en materia etérica, emocional y mental. Esto implica una profunda introspección de la conciencia. Cuando la imagen esté totalmente formada, cantar otra vez suavemente con la respiración el nombre y, con un intenso esfuerzo del Chakra Manipura, la voluntad, interiorizarse aún más y armonizarse con el Chakra de mil pétalos de la cabeza, Sahasrara, el Chakra de la Conciencia causal. Debe realizarse este proceso de forma gradual, logrando una actitud de serenidad y devoción perfectas. Esta práctica es la perfecta meditación que revelara el fuego de Kundalini. Esta visualización conduce al discípulo a la presencia del Maestro.
La constancia será premiada por el Maestro con la enseñanza de las antiguas técnicas para invocar a los Devas durante la meditación. El Gurú solo enseñara las fórmulas que ponen a los Elementales inferiores bajo el control del hombre a aquellos a los que haya probado con anterioridad; no se puede confiar tal poder a los humanos corrientes, la mayoría está movida por deseos egoístas, y lo utilizaría para sus propios fines.
Los Maestros de la Gran Logia Blanca creen que los riesgos que resultan del escaso conocimiento son mucho mas pequeños que los del excesivo conocimiento, y que el avance del humano puede ser entorpecido mas negativamente por la errónea aplicación de los Siddhis o poderes adquiridos por futuros magos negros, que por la ausencia de conocimiento, con la que no se engendra Karma.
De este modo, el Gurú, trasmitirá los Siddhis o poderes y ayudara a desarrollar las facultades en cada vehículo o cuerpo. El Maestro sólo alienta a aquellos que son dignos de confianza. ¿Qué tipo de confianza? Aquellos en los que se puede confiar porque piensan en función del grupo y no del yo. Aquellos en los cuales se puede confiar porque únicamente usaran la sabiduría adquirida, acerca de las mentes, de los Elementos y del karma de sus semejantes, para ayudarlos en forma positiva nunca con fines egoístas; aquellos en los que se puede confiar porque usaran los poderes ocultos solo y únicamente para acelerar la evolución y para el correcto discurrir de los esquemas evolutivos, en todos los planos, tal como lo han proyectado los Grandes Maestros desde antiguo.
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Yoga el Guru el Discipulo y la Conciencia del Ser
Respira con total libertad y deja que el sosiego alcance tu mente. Contempla de la forma más relajada que puedas tus pensamientos, imágenes y recuerdos interiores, se consciente de que son creaciones tuyas, libera lo que no te agrade al espirar el aire y guarda con cada inspiración lo que te agrade.Observa cómo el flujo del pensamiento se calma. Ahora que tus pensamientos se han aquietado, piensa en YO SOY. Al inspirar piensa en YO y al espirar en SOY, cada vez más largo, cada vez más lento y con más tranquilidad… mira con atención en tu interior, deja de pensar y experimenta esa libertad de tu consciencia cada vez mayor… TOMA el YO SOY como una experiencia consciente del ser espiritual, mira cómo se convierte en algo más que palabras.
Ahora en tu consciencia sólo debe quedar el YO SOY y tu respiración. No dejes que emerja ningún pensamiento. Observa interiormente y ábrete a la energía de tu conciencia. Pregúntate, ¿Estoy tranquilo, equilibrado y contento conmigo mismo? ¿En qué medida presto atención a mi ser interno, a mi esencia en la vida cotidiana? ¿Puedo decir que cada día soy mejor persona?
Experimenta ahora de forma consciente: YO SOY ALMA… YO SOY UN SER CONSCIENTE… YO SOY UN SER CONSCIENTE DE MI PROPIO SER… Pregúntate ¿Puede confiar en mí la energía espiritual que encarna el Guru, soy digno de recibirla? Concéntrate en el concepto de CONFIANZA. Desarrolla este sentimiento y profundiza en la orientación para conseguir la auténtica confianza en ti mismo, renueva tu confianza en el Guru y descárgate del miedo o remordimiento que pueda haber en tu interior.
Hazte a ti mismo esta promesa solemne: Mi ser, mi alma es consciente. Mi ser, mi alma sirven siempre al Guru que es el centro de irradiación de la consciencia y del amor Divino. En el Sol saludo a mi Guru donde encuentro todas las soluciones y conocimientos. La solución de cada problema se encuentra en la guia del Guru Deja que tu devoción se desarrolle como una energía imparable, de manera que provoque en ti una mayor consciencia. Busca una respuesta, iluminación, conocimiento, impresión o impulso del Guru.
Si emergen otros pensamientos perturbadores, algún tipo no deseado de sentimiento, o no encuentras ninguna respuesta o resonancia, inflamate en devoción y observa cómo tu consciencia se llena de nueva energía y cómo, ante tu decidida concentración, llega la inspiración… Afirma ahora: Si desarrollo una mayor capacidad de amar y de entrega a mi Guru, seré más sensible.
Pregúntate, ¿Soy lo suficientemente creativo y estoy interesado en desarrollarme de forma positiva? ¿Mi pregunta es clara y está libre de curiosidad y de egoísmo? ¿Confío o fuerzo de forma inconsciente una respuesta determinada? ¿Tengo miedo de las consecuencias del desarrollo si la voluntad del Guru y el plan de mi propia voluntad se oponen? ¿Confío suficientemente en que la orientación de mi Guru es lo mejor para mi desarrollo?... Observa cómo con los conocimientos, respuestas o impulsos conscientes intervienen la sensibilidad y fuerza del yo…
Interrógate: ¿Exteriorizo con una respuesta interior mi voluntad creadora a través del amor en todo aquello que me interesa o fomento sólo mi propio provecho? ¿Aprovecho las impresiones que obtengo a través de las respuestas conscientes para desarrollar mi vida? ¿Me siento feliz y seguro en mi interior?... Cada impresión recibida del Guru se confirmará a través de las señales exteriores, manifestándose en tu vida diaria, como también mediante el desarrollo de la energía personal, la felicidad interior y el amor.
Ahora, sientate en postura de loto y mentalmente, canta oooommmm… escucha su sonido en tu interior, repítelo haciendo pausas cada vez más largas y déjate llevar, mecido tu ser por la mística vibración…
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El Yoga del Gurú el Yoga del Guía Espiritual
Muchos de los que practican Yoga o Meditación, son entusiastas pero inconstantes. Algunos que han probado diferentes enseñanzas sólo en teoría, aún continúan buscando, en lugar de aplicar en sus vidas la mejor enseñanza que han encontrado. El Yoga del Guru es un método especial para recibir bendiciones de nuestro Guía Espiritual. El término Guru no implica que nuestro Guía Espiritual tenga que ser indio. Nuestro Guía Espiritual puede ser cualquier maestro que nos guíe sinceramente por el camino espiritual y nos imparta enseñanzas correctas. Por lo tanto, nuestro Guía Espiritual puede ser oriental u occidental, laico u ordenado, hombre o mujer. En este contexto, yoga se refiere a una manera especial de percibir a nuestro Guía Espiritual.¿Cuál es el camino más apropiado para encontrar un Maestro verdadero, y que satisfaga los anhelos del alma? Si deseamos adquirir determinadas habilidades, aprender a practicar un deporte o a tocar un instrumento musical, debemos buscar un maestro cualificado que nos enseñe. Si seguimos el ejemplo de nuestro maestro y ponemos en práctica sus instrucciones con sinceridad, lograremos nuestros propósitos y adquiriremos las mismas habilidades que él. Si es necesario confiar en un maestro cualificado para alcanzar objetivos mundanos, ¿cuánto más lo será para lograr realizaciones espirituales como la liberación o la iluminación?
Otros piensan que "conocen" todos los principios sólo porque los escucharon alguna vez, o por que practicaron algunos de ellos por corto tiempo. En el budismo hay dos corrientes principales: el hinayana o pequeño vehículo, y el mahayana o gran vehículo. La práctica de confiar en el Guía Espiritual es fundamental en ambas. Según la tradición hinayana, los discípulos deben considerar a su Guía Espiritual como si fuera un Buda, y con fe y devoción hacerle ofrendas, ponerse a su servicio, seguir sus consejos y practicar sus enseñanzas. Sin embargo, según el mahayana, los discípulos deben considerar a su Guía Espiritual como un verdadero Buda, y con una mente de fe confiar en él sinceramente de pensamiento y acción.
Si de veras deseas el Conocimiento, no seas de ese tipo de personas que pueden clasificarse como buscadores impulsados por la curiosidad, los que así actúan, mientras mantengan esta actitud superficial, jamás experimentarán la bienaventuranza de la realización del Ser. El Guía Espiritual puro debe tener auténticas realizaciones espirituales y mantener un linaje puro, estimar el Budadharma e impartir enseñanzas a sus discípulos con amor y compasión. Si encontramos un Guía Espiritual con estas cualidades, podemos considerarnos muy afortunados. Hemos de tener fe en él, seguirle con sinceridad y practicar lo que nos enseñe. Mi Maestro decía que si un discípulo puro encuentra a un maestro puro, no le resultará difícil alcanzar la iluminación.
No seas un escéptico, tampoco te parezcas a aquellos que llegan a creer que la sombra de un objeto es el objeto en sí. No sirven para el discipulado quienes se conforman sólo con escuchar las descripciones sobre el yoga ofrecidas por diferentes profesores, sin llegar jamás a practicar yoga. Nuestra mente es como un campo de siembra, las instrucciones de nuestro Guía Espiritual son como las semillas que plantamos, y nuestra fe en él, como el agua que hace germinar las semillas. Si reunimos estas tres condiciones, podremos recoger con facilidad y rapidez una rica cosecha de realizaciones de Dharma. Si de momento carecemos de estas condiciones, hemos de rezar para encontrarlas en el futuro.
Si la vida o tu buen karma te conceden la fortuna de conocer a un Guía Espiritual cualificado, la manera de confiar en él es muy sencilla. Lo único que debes hacer es tener fe en él o ella y poner en práctica sus instrucciones lo mejor posible. De este modo, tus realizaciones de Dharma aumentarán de manera natural y alcanzaras la iluminación con rapidez. Para generar fe en nuestro Guía Espiritual, hemos de reconocerlo como un Buda vivo, la síntesis de todos los objetos de refugio. Aunque nuestro Guía Espiritual tenga un aspecto ordinario, debemos aprender a percibirlo como un Buda y evitar ver faltas en él.
Debemos cultivar con ahínco la fe y confianza absoluta en nuestro Maestro o Gurú y mantener siempre una visión pura de él. Hemos de intentar sentirnos cercanos a él, estar contentos y mostrarle nuestro afecto. Debemos considerar que nuestro Guía Espiritual es como una madre que nos quiere y nos cuida, como un padre que nos proporciona todo lo que necesitamos y nos protege de cualquier peligro, como la luna que alivia nuestro continuo mental del calor de los engaños, como el sol que disipa la oscuridad de la ignorancia de nuestra mente y como un bondadoso benefactor que nos ofrece el inestimable regalo del Dharma.
Conocer a un autentico Gurú o Maestro de Yoga, es mucho más importante que poseer riquezas. Nuestro Guía Espiritual es un verdadero benefactor que nos ofrece la riqueza interna de la disciplina moral, la concentración y la sabiduría, y nos conduce al gozo supremo de la gran iluminación. Aunque dispongamos de inmensas riquezas, si carecemos de realizaciones internas, en realidad somos pobres. Sin embargo, si confiamos en un Guía Espiritual y cultivamos las realizaciones de las etapas del camino a la iluminación en nuestro continuo mental, seremos verdaderamente ricos aunque no tengamos posesiones materiales. Por lo tanto, no debemos preocuparnos por las riquezas externas, sino esforzarnos por confiar sinceramente en un Guía Espiritual completamente cualificado.
¿Acaso existe algo más urgente que alcanzar la Fuente de toda la vida a través de la realización del Ser? Poner en práctica las instrucciones de nuestro Guía Espiritual es la ofrenda suprema. Según la Tradición Tibetana, a un Guía Espiritual cualificado le complace más la práctica de Dharma de sus discípulos que cualquier ofrenda material que pueda recibir. Aunque hagamos postraciones durante todo el día o presentemos ofrendas a menudo a nuestro Guía Espiritual, estas prácticas tendrán poco poder si no seguimos el camino espiritual que nos enseña. En cambio, si ponemos en práctica las instrucciones de nuestro Guía Espiritual con sinceridad y fe profunda, aunque no podamos hacer postraciones físicas ni ofrendas materiales, estaremos siempre realizando las ofrendas que deleitan a nuestro Guía Espiritual. Vive siempre como si estuvieras en Presencia del Gurú, que tu corazón sea puro como el cristal.
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Gurú Yoga, el yoga del Maestro Espiritual
La relación del discípulo con el Gurú no es una relación de amistad ni de conversación cortés entre personas educadas (hipocresía). Un verdadero Guía espiritual nunca es solo un maestro de pensar, sino de actuar, ya que, en realidad, no es por el pensamiento ni por el razonamiento discursivo que uno puede conocerse a sí mismo.Tu Gurú es aquél cuya sola presencia te transforma. No es aquél que te guía por la expresión sino el que penetra por la alusión espiritual; no es aquél que te invita a su puerta sino el que te levanta el velo que te separa de Él; no solo te dirige por las palabras sino que te transforma por su estado espiritual; es aquél que te libera de las pasiones para introducirte en la casa del Maestro de los Mundos; es aquél que no deja de pulir el espejo de tu corazón hasta que en el se irradian las luces de tu Señor; el te eleva hasta Dios y cuando tu te elevas, él te transporta hacia Él, no cesa de vigilarte y guardarte hasta que te pone en Sus manos; él te introduce en la luz de la Presencia Divina y te dice: "He aquí a tu Señor”.
La relación que une al Gurú con su discípulo es sutil y tiene un carácter extremadamente delicado. El Gurú es un santo que ha sido escogido para llamar y guiar a los hombres sobre un camino de retorno hacia nuestro Creador, es decir, de retorno hacia nuestra naturaleza más profunda. Para que una persona pueda cumplir esta función se hace necesaria una doble condición: que a su vez haya recibido de otro Gurú el secreto espiritual y, al mismo tiempo, haya recibido la confirmación divina de la autorización para enseñar. Una cadena espiritual ininterrumpida liga a todos los Guías auténticos. Hombre anulado a sí mismo pero subsistente por Dios, el Gurú es, ante todo, un educador espiritual: es el mediador perfecto que nos pone en contacto con esa realidad divina de donde somos originarios pero de la que hemos perdido la percepción.El Gurú es un ser realizado, nos transmite los medios de despertar nuestro corazón. Renovando esta percepción del corazón, reencontramos el verdadero sentido de nuestra existencia. Reencontramos el amor de la Creación a través de sus múltiples caras que hablan de una sola y misma Realidad. Lo que nos impide hoy en día sentir todo esto es la tiranía de nuestro ego ya que él mismo se ha autoproclamado nuestro actual maestro. Es él el que dicta nuestra conducta, que nos lleva a actuar o no actuar. Es él el que tiende a juzgar cada cosa, no en función de lo que ella es verdaderamente sino de lo que le puede aportar en vistas a su interés propio. Es él el que por miedo, rechaza y desecha lo que no está acorde con su visión, todo lo que no conoce o no domina. Es él el que desea y codicia y toma por la fuerza aquello que no le pertenece; nada nos gobierna tanto como la ilusión producida por el ego. Entre las cosas que mantienen al hombre alejado de Dios esta, sobretodo, el miedo de perder aquello que tiene y el deseo de obtener lo que no tiene.
Es a partir de un pacto iniciático cuando el corazón del Gurú y el de su discípulo están ligados por un lazo invisible que permite al primero transmitir al segundo el secreto del cual es depositario. La ciencia que emana de este íntimo contacto se desvelará progresivamente, no como un saber teórico, sino, sobretodo, bajo la forma de una degustación íntima que cada vez es más profunda e intensa. Generalmente, esta apertura opera sin que el discípulo sea plenamente consciente que ella proviene de su Gurú puesto que es de lo más profundo de su ser de donde surgirá el despertar a una nueva conciencia. No se trata de ideas o sentimientos, sino verdaderamente de percepciones interiores.
"... en la serenidad dichosa, descanso en mi choza de paja, abandonados el ronzal y la fusta".
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Yoga Espana el Camino del Discipulado
Aún en estos tiempos de pertinaz materialismo y superficialidad es posible recorrer el Camino del Discipulado en España y practicar Gurú Yoga en Madrid. Hoy como ayer, la tradicional disciplina del Gurú Yoga, fundamentada en la enseñanza de labio a oído del Maestro al Discípulo se lleva a cabo en Madrid. En este Planeta, existe un muy pequeño grupo de Adeptos que aun tienen cuerpo físico y realizan las funciones propias de la administración del mundo, bajo la Gran Jerarquía Esotérica también conocida como Gran Logia Blanca, de entre ellos hay unos pocos que aceptan discípulos, y a quienes por lo tanto daremos el nombre de Maestros. Vemos lo difícil que resulta encontrar o ser encontrado por uno de estos Maestros denominados Gurús, debido a su escasez y a su afán de pasar desapercibidos para la gente corriente. Pasaremos sin dilación a explicar lo que significa ser discípulo de uno de estos ocultos Maestros y qué se espera de quienes aspiran a tal estado del discipulado y qué obra han de realizar en el Camino Espiritual.
Ante todo conviene tener muy presente que los Maestros se han dedicado en absoluto desde los albores de la humanidad al servicio de los buscadores, guiándoles en el Camino del Discipulado en cuya obra están absortos con entera independencia de toda otra accesoria consideración. Un Gurú dispone de determinada cantidad de fuerza o energía mística que aunque parezca incalculable para el humano común, es limitada y ha de emplearla con la mayor ventaja posible. Desde luego que este gran ser al tomar a su cargo la instrucción de un nuevo discípulo ha de consumir obviamente tiempo y energía; y como quiera que el Maestro Espiritual sea de Yoga u otra Senda, lo contempla todo desde el punto de vista del aprovechamiento para la evolución humana, no gastará tiempo y energía en las personas de uno u otro sexo a menos que su dedicación los dé en ellos por bien empleados.
Si la bondad de carácter en las personas y el anhelo de servir al mundo fuesen las únicas cualidades requeridas para el camino del discipulado, cada Gurú podría tener miles de discípulos solo en Madrid en cuya enseñanza tendría que invertir todo su tiempo y eliminar de sus cuerpos sutiles los defectos, sobre todo en los planos astral y físico, mientras que absorbido totalmente en esta labor se vería precisado a descuidar totalmente su espléndida obra con los egos humanos en los mundos superiores.
Por consiguiente, ser discípulo de un Maestro y tomar clases de Gurú Yoga en Madrid o en cualquier otro lugar significa ante todo que el individuo en cuestión debe amoldar su vida y su conducta a aquello que el Maestro realizado le indique, por ser sin duda lo más conveniente para su progreso. El discípulo ha de hollar el camino estando siempre absolutamente dispuesto a olvidarse de sí mismo, a abolir su ego y destronar su razón, abatiendo enteramente su personalidad (y conviene dejar muy claro que esto no es una figura retórica o romántica sino la exacta expresión de la idea) a renunciar desde ese preciso instante a todos sus deseos personales y ordenar su volición y conducta con arreglo a la obra que el Maestro iluminado le indique y haya de cumplir.
¿Cuántos de vosotros que leéis estas líneas ansiáis de todo corazón dar este primer paso hacia el Gurú que dispensa la iniciación en el discipulado? Reflexionad en lo que significa ser discípulo con lo escrito antes y lo que viene a continuación. Cuando una persona se ofrezca a serlo, el Maestro le mirará, y dirá directamente si la considera o no apta para entrar en la inicial etapa probatoria. Si el candidato reúne o se halla cerca de tenerlas, las necesarias cualidades, el Maestro lo tomará enseguida a prueba, esto significa que durante algunos años lo someterá a una determinada disciplina y en ella a rigurosa observación.
El período regular de prueba en Gurú Yoga son siete años; pero puede prolongarse este tiempo indefinidamente si el candidato se recrea y no satisface al Maestro, o por el contrario, acortarse grandemente si el Gurú ve que su conducta se ajusta en todo y por todo al propósito del discipulado. Casos hubo en la tradición oriental en que el periodo probatorio de un aspirante se prolongó hasta treinta años, y otros en que debido a su entrega se redujo a cinco y tres, y aun en un caso excepcional de discípulo súper avanzado a tres meses.
Durante el período probatorio, el discípulo se encuentra en el umbral no estando en modo alguno dentro de la Logia ni en directa comunicación con el Maestro (aunque él cree que si, creyéndose muy importante piensa que entiende al Gurú y trata en ocasiones de disputar con Él). Por regla general, a esta persona que es un buscador se le interpone alguna dificultad en el camino para probar su determinación y se le somete a pruebas ordinarias para verle en acción, mientras el aspirante se ve enfrentado a ellas se le somete a estrecha vigilancia para determinar cuidadosamente cual es su actitud respecto al discipulado y a las comunes inquietudes de la vida cotidiana.
Para observarlo más profundamente forma el Gurú en el plano mental lo que se denomina una "viviente imagen" del aspirante, es decir, la visualización y materialización de un duplicado exacto de sus cuerpos emocional y mental, y guarda la imagen visualizada en lugar donde pueda fácilmente alcanzarla con su poder psíquico poniéndola en relación magnética con el aspirante, de modo que toda variación vibratoria emotiva o mental de éste se reproduzca por simpatía fielmente en la vivida imagen. El Maestro del Gurú Yoga la examina a diario y así obtiene sin gran pérdida de tiempo un exacto registro de los pensamientos y deseos más íntimos del estudiante, para determinar sin posible error cuándo podrá entrar en relaciones más estrechas de aprendizaje y admitirlo en el segundo estado del Gurú Yoga, este es, el de discípulo que ha sido probado y aceptado.
Recordemos que el Maestro que sigue la tradición de la Gran Logia Blanca es un canal para la distribución de las fuerzas del Logos en la Tierra, y no un canal automático e inconsciente, sino un sutil e inteligente cooperador que permite el flujo de la Energía Espiritual , puesto que el Gurú es parte consciente del Logos. De la propia suerte por reciprocidad, aunque en mucho menor nivel, el discípulo aceptado es un canal lúcido de las fuerzas del Maestro; pero dicha persona no debe serlo inconscientemente sino que ha de ser una despierta e inteligente cooperadora por propia voluntad y por lo tanto debe literalmente formar parte de la conciencia del Gurú.
Es tal el grado de identificación de un discípulo aceptado con la conciencia del Gurú, que éste sabe cuánto aquel ve y oye, aunque eso no ocurra necesariamente en el mismo instante en que se produce (por más que así ocurre en muchas ocasiones), sino que todo lo sucedido se imprime en la memoria del Maestro con total exactitud a como está guardado en la memoria del discípulo; todo cuanto este siente o piensa se encuentra al instante como calcado en los cuerpos emocional y mental de su Gurú: Al hacernos cargo de cuanto todo esto significa mezclarse con otra persona literalmente, podemos comprender claramente por qué le es al Gurú de todo punto imposible aceptar a su cargo a un discípulo hasta que los deseos y pensamientos de éste sean de la misma naturaleza como los que alimenta el Maestro.
Si por desgracia sucede que el discípulo tiene algún pensamiento bajo, o incompatible con la mente del Gurú, levanta éste ipso facto en cuanto lo nota una barrera que le separa totalmente de la nociva vibración; mas para ello desvía momentáneamente la atención de su otra obra elevada y emplea determinada cantidad de energía. De nuevo nos apercibimos con claridad que le resultara imposible a un Maestro establecer una tan íntima relación con cualquier persona que cediese frecuentemente a pensamientos incompatibles con los suyos y le obligase a distraerse con frecuencia de su obra para rechazarlos perdiendo en esta incongruencia un precioso tiempo y energías.
No por estar carente de misericordia, falto de compasión o paciencia se niega un Gurú a hacerse cargo de un aspirante díscolo o inepto, sino porque semejante sujeto le distraería impidiéndole invertir provechosamente fuerzas y tiempo de manera efectiva cual es su primordial deber.
Si un aspirante hombre o mujer se conceptúa a si mismo merecedor de que por discípulo lo acepte el Gurú, y a pesar de sus creencias y supuestos méritos no se le ha concedido todavía tan señalado privilegio, deberá examinarse con sumo cuidado durante un solo día y observar de manera impersonal si tuvo algún pensamiento o deseo indigno del Camino del Maestro, recordando como vara de medir que no sólo son indignos en el discipulado los pensamientos y deseos concretamente impuros, sino también los frívolos, aquellos que son de ira, impaciencia, y sobre todo los apegos egoístas a objetos y personas. ¿Quién de vosotros está libre de ellos? ¿Aún os creéis merecedores de ser encontrados por un Maestro?
El Gurú del yoga procura por medio de su admirable comunicación con un discípulo armonizar y entonar a un grado sumo los cuerpos de éste, o sea el mismo resultado que todo maestro o profesor procura obtener de sus alumnos pero esta vez en su ambiente exclusivamente físico. Cualquiera que sea la materia de estudio y el procedimiento de enseñanza, en la vida física o el plano espiritual, el principal efecto resultante en el alumno no se obtiene de la perseverancia en resolver ejercicios didácticos sino de la constante presencia del Instructor ante el aspirante.
Los diferentes niveles energéticos o cuerpos del discípulo vibran en su acostumbrada tonalidad, y cada uno de ellos a distintas tonalidades de los demás por la influencia directa sobre las energías que los forman de pasajeras emociones y errantes pensamientos perturbadores de toda índole, por lo que la primera y más difícil tarea del aspirante es poner orden inmediato en este caos, eliminar todo interés de procedencia inferior (apego al mundo) y someter con firmeza los pensamientos fluctuantes por medio de una mantenida presión de la voluntad ejercida sobre todos sus cuerpos o niveles durante largos años de lucha.
Mientras el aspirante al camino del discipulado vive en el mundo, la dificultad de este dominio afectivo se multiplica por mil por la incesante presión proveniente de las perturbadoras oleadas mentales y emotivas propias y de sus familiares y amigos si no comparten su camino, llevándole al extremo en que no le dan punto de reposo, distrayéndole de lo esencial y no dejándole concentrar sus energías mentales y espirituales para hacer un positivo esfuerzo.
Por esta contundente razón, desde la antigüedad, aquellos que desean alcanzar la vida superior suelen retirarse al "desierto", pues en todas las naciones y en todas las épocas por remotas que sean hubo personas deseosas de vivir como eremitas en lugares apartados de la mundanal baraúnda donde la soledad y el silencio les permitía ordenar sus pensamientos, y libres de ruidos e impedimentos exteriores recibir auxilio espiritual contagiándose de la solemne calma de la naturaleza.
Pero quienes constantemente viven en presencia de un auténtico Gurú, tienen todavía mayor ventaja que en la soledad del ascético desierto pues el dispensador del Gurú Yoga ha calmado ya sus cuerpos y los ha acostumbrado a vibrar en rítmica, armoniosa y suave tonalidad en vez de conmoverlos con estrépito en tumultuoso frenesí. La arrulladora rítmica tonalidad de los cuerpos psíquicos del Maestro es vigorosa al par que firme, y día y noche influye sin cesar ni oscilar en los cuerpos del discípulo, tanto cuando se encuentra este en vigilia como en sueño, y gradualmente los va poniendo a tono con la vibración que proviene del Maestro. Este maravilloso resultado sólo puede obtenerse con el trascurrir del tiempo y la continuidad de la más íntima relación, aunque esto, como dijimos antes, no sucede con cualquiera sino con los estudiantes capaces de entregarse y totalizarse para la obra.
La mayoría de los Gurús no revelan nada al aspirante, o lo hacen solo en parte sus especiales métodos de desarrollo, manteniéndolos ocultos hasta después de obtener dicho resultado. Esto lo hacen con la finalidad de que no sean peligrosos en caso de abandono del sujeto que podría hacer de ellos una mala aplicación, porque los Maestros precisan que el estudiante esté verdaderamente preparado para recibir sus enseñanzas y bien sometido a su influencia espiritual para sostenerle con firmeza en el recto camino cuando sobrevengan la dificultad y la futura noche oscura del alma. Muchísimas son las ventajas en el camino del Gurú Yoga de quienes pueden estar en contacto estrecho con la mente iluminada de su Maestro.
Hay una tercera etapa en la senda espiritual de todavía más estrecha unión, cuando el discípulo de yoga literalmente se funde en el Gurú y llega a ser lo que se llama el "hijo" del Maestro, luego que el Instructor ha comprobado por dilatada experiencia las cualidades intrínsecas de su aceptado discípulo y tiene la seguridad fundada en la experiencia de que nada se levantará contra la obra en sus cuerpos emocional y mental que sea necesario repudiar. La capital diferencia entre el significado del título "discípulo aceptado" y el más cercano de "hijo" es que en el primero, aunque el individuo en el camino se identifica con la conciencia del Maestro, puede quedar en determinadas circunstancias que hemos analizado antes temporáneamente separado de ella, mientras que el hombre o mujer que es nombrado "hijo" por el Gurú, se encuentra en un grado de unión tan íntima y sagrada que nada en este mundo, ni aun el mismísimo poder del Maestro va a ser capaz de interrumpirla jamás una vez establecida.
Por lo tanto, vemos que en el camino del discipulado hay tres etapas o estados graduales de relación más o menos estrecha entre el Maestro y el discípulo:
1º El período de prueba en el que la persona buscadora se encuentra en el umbral y durante el cual aunque crea lo contrario, no es verdadero discípulo.
2º La etapa de discípulo aceptado en la cual la relación es estrecha pero existen ciertas restricciones en algunos casos.
3º El definitivo período de filiación. En el cual el discípulo se funde con la conciencia del Maestro.
Desde luego debemos comprender que estas relaciones espirituales poco o nada tienen que ver con las graduales iniciaciones o etapas del Sendero Místico cuya categoría y reglas que las ordenan son de todo punto distintas, pues estos niveles iniciáticos son las señales de relación del buscador no con su Maestro sino con la Gran Fraternidad Blanca y su innombrable muy augusto Jefe.
La Gran Logia Blanca no se preocupa en modo alguno del grado mayor o menor de las relaciones entre el Maestro y el discípulo ni se inmiscuye en ellas, que se dejan al buen juicio y a la privada consideración del mismo Maestro, quien cuando considera que el discípulo está preparado y reúne los requisitos para la iniciación lo notifica directamente a la Gran Fraternidad Blanca y presenta a esta Orden Universal al discípulo para recibir la regla que por grado le corresponde, sin que los Miembros de la Fraternidad exijan otra condición que la fiable palabra del Maestro y nada pregunten de cuanto respecta a las relaciones entre el discípulo y el Maestro.
Pero en esta conducta no hay posible error, como al candidato a la iniciación deben estudiarlo y proponerlo dos miembros de la Logia Blanca que hayan alcanzado el honorabilísimo nivel de adepto, cabe afirmar con certeza que el Gurú no propondrá al discípulo para la prueba de iniciación para probarle aun si no está totalmente seguro de su aptitud para ese grado, y esta seguridad que no admite duda sólo puede dimanar de la íntima identificación sin tara de la conciencia del discípulo con la del Maestro.
Cuando un buscador auténtico oye hablar de estas cosas en apariencia tan complicadas, acude a su cerebro la siguiente pregunta: "¿Cómo podré entonces ser discípulo de un Maestro? ¿Qué haré yo siendo tan insignificante para llamarle la atención?" Ciertamente no es necesario en ningún caso que dediquemos el mínimo esfuerzo en llamar la atención de los Maestros, si debemos ocuparnos de reunir los requisitos y estar preparados para su aparición y vivir como si esta fuera inminente, porque siempre sin pausa alguna andan en busca de personas que puedan serles útiles en la magna obra que tienen a su cargo, y por lo tanto no tenemos motivos para desconfiar ni hemos de recelar en lo más mínimo de que no nos detecten o prescindan de nosotros si nos hacemos merecedores de su divina atención.
Cuando un discípulo que se halla en la segunda o tercera etapa duerme por la noche, se relaciona con su Gurú, quien paternalmente le informa entonces de si hay alguna tarea especial para la que está preparado y de la que pueda encargarse impecablemente, y en caso de no haberla, le indicará que continúe su acostumbrada obra nocturna cualquiera de la que se trate.
Pero el discipulado no es un jardín de infancia, existen algunos díscolos quienes no haciendo caso al Maestro, continúan perpetuamente poniendo dificultades y pegas a sus consejos en vez de entregarse. Este tipo de conducta es suicida en el camino, ya que les ocasionara en un futuro crueles sufrimientos porque en su momento menospreciaron la advertencia del Gurú y se lanzaron de manera imprudente a boicotear y posteriormente abandonar el discipulado, cuyo resultado fue inutilizarlos astralmente para el camino místico y para no ser más admitido por cualquier otro Maestro. Veamos los resultados que obtuvieron quienes abandonaron de esta guisa en vidas pasadas: Unos enloquecieron cayendo en el Inframundo, otros cayeron presa de perturbadores trastornos nerviosos y algunos más quedaron obsesos para siempre por entidades maléficas.
Para tener la absoluta seguridad de evolucionar sin riesgo hacia la Luz es indispensable hacerlo (como antiguamente se realizaba en la India y el Tíbet) en presencia de un cualificado Instructor o Gurú realizado. En el Gurú Yoga es costumbre que el discípulo se mantenga en contacto físico incluso viviendo con su Maestro, pues en Oriente todos saben que la primera y principal tarea de un Gurú es armonizar con la suya la perturbada aura del discípulo y anular totalmente las ordinarias condiciones de turbación que prevalecen en el mundo material, enseñándole a desprenderse distendidamente de ellas y vivir en santidad y absoluta calma.
El Gran Maestro actual nos trasmitió en una de sus primeras visitas a España: "Venid de vuestro mundo al nuestro", y esto cuando es el Gurú del Yoga quien se lo pide al discípulo, se refiere obviamente no a un cambio de lugar sino de estado de ánimo hacia la positiva disposición.
Ante todo conviene tener muy presente que los Maestros se han dedicado en absoluto desde los albores de la humanidad al servicio de los buscadores, guiándoles en el Camino del Discipulado en cuya obra están absortos con entera independencia de toda otra accesoria consideración. Un Gurú dispone de determinada cantidad de fuerza o energía mística que aunque parezca incalculable para el humano común, es limitada y ha de emplearla con la mayor ventaja posible. Desde luego que este gran ser al tomar a su cargo la instrucción de un nuevo discípulo ha de consumir obviamente tiempo y energía; y como quiera que el Maestro Espiritual sea de Yoga u otra Senda, lo contempla todo desde el punto de vista del aprovechamiento para la evolución humana, no gastará tiempo y energía en las personas de uno u otro sexo a menos que su dedicación los dé en ellos por bien empleados.
Si la bondad de carácter en las personas y el anhelo de servir al mundo fuesen las únicas cualidades requeridas para el camino del discipulado, cada Gurú podría tener miles de discípulos solo en Madrid en cuya enseñanza tendría que invertir todo su tiempo y eliminar de sus cuerpos sutiles los defectos, sobre todo en los planos astral y físico, mientras que absorbido totalmente en esta labor se vería precisado a descuidar totalmente su espléndida obra con los egos humanos en los mundos superiores.
Por consiguiente, ser discípulo de un Maestro y tomar clases de Gurú Yoga en Madrid o en cualquier otro lugar significa ante todo que el individuo en cuestión debe amoldar su vida y su conducta a aquello que el Maestro realizado le indique, por ser sin duda lo más conveniente para su progreso. El discípulo ha de hollar el camino estando siempre absolutamente dispuesto a olvidarse de sí mismo, a abolir su ego y destronar su razón, abatiendo enteramente su personalidad (y conviene dejar muy claro que esto no es una figura retórica o romántica sino la exacta expresión de la idea) a renunciar desde ese preciso instante a todos sus deseos personales y ordenar su volición y conducta con arreglo a la obra que el Maestro iluminado le indique y haya de cumplir.
¿Cuántos de vosotros que leéis estas líneas ansiáis de todo corazón dar este primer paso hacia el Gurú que dispensa la iniciación en el discipulado? Reflexionad en lo que significa ser discípulo con lo escrito antes y lo que viene a continuación. Cuando una persona se ofrezca a serlo, el Maestro le mirará, y dirá directamente si la considera o no apta para entrar en la inicial etapa probatoria. Si el candidato reúne o se halla cerca de tenerlas, las necesarias cualidades, el Maestro lo tomará enseguida a prueba, esto significa que durante algunos años lo someterá a una determinada disciplina y en ella a rigurosa observación.
El período regular de prueba en Gurú Yoga son siete años; pero puede prolongarse este tiempo indefinidamente si el candidato se recrea y no satisface al Maestro, o por el contrario, acortarse grandemente si el Gurú ve que su conducta se ajusta en todo y por todo al propósito del discipulado. Casos hubo en la tradición oriental en que el periodo probatorio de un aspirante se prolongó hasta treinta años, y otros en que debido a su entrega se redujo a cinco y tres, y aun en un caso excepcional de discípulo súper avanzado a tres meses.
Durante el período probatorio, el discípulo se encuentra en el umbral no estando en modo alguno dentro de la Logia ni en directa comunicación con el Maestro (aunque él cree que si, creyéndose muy importante piensa que entiende al Gurú y trata en ocasiones de disputar con Él). Por regla general, a esta persona que es un buscador se le interpone alguna dificultad en el camino para probar su determinación y se le somete a pruebas ordinarias para verle en acción, mientras el aspirante se ve enfrentado a ellas se le somete a estrecha vigilancia para determinar cuidadosamente cual es su actitud respecto al discipulado y a las comunes inquietudes de la vida cotidiana.
Para observarlo más profundamente forma el Gurú en el plano mental lo que se denomina una "viviente imagen" del aspirante, es decir, la visualización y materialización de un duplicado exacto de sus cuerpos emocional y mental, y guarda la imagen visualizada en lugar donde pueda fácilmente alcanzarla con su poder psíquico poniéndola en relación magnética con el aspirante, de modo que toda variación vibratoria emotiva o mental de éste se reproduzca por simpatía fielmente en la vivida imagen. El Maestro del Gurú Yoga la examina a diario y así obtiene sin gran pérdida de tiempo un exacto registro de los pensamientos y deseos más íntimos del estudiante, para determinar sin posible error cuándo podrá entrar en relaciones más estrechas de aprendizaje y admitirlo en el segundo estado del Gurú Yoga, este es, el de discípulo que ha sido probado y aceptado.
Recordemos que el Maestro que sigue la tradición de la Gran Logia Blanca es un canal para la distribución de las fuerzas del Logos en la Tierra, y no un canal automático e inconsciente, sino un sutil e inteligente cooperador que permite el flujo de la Energía Espiritual , puesto que el Gurú es parte consciente del Logos. De la propia suerte por reciprocidad, aunque en mucho menor nivel, el discípulo aceptado es un canal lúcido de las fuerzas del Maestro; pero dicha persona no debe serlo inconscientemente sino que ha de ser una despierta e inteligente cooperadora por propia voluntad y por lo tanto debe literalmente formar parte de la conciencia del Gurú.
Es tal el grado de identificación de un discípulo aceptado con la conciencia del Gurú, que éste sabe cuánto aquel ve y oye, aunque eso no ocurra necesariamente en el mismo instante en que se produce (por más que así ocurre en muchas ocasiones), sino que todo lo sucedido se imprime en la memoria del Maestro con total exactitud a como está guardado en la memoria del discípulo; todo cuanto este siente o piensa se encuentra al instante como calcado en los cuerpos emocional y mental de su Gurú: Al hacernos cargo de cuanto todo esto significa mezclarse con otra persona literalmente, podemos comprender claramente por qué le es al Gurú de todo punto imposible aceptar a su cargo a un discípulo hasta que los deseos y pensamientos de éste sean de la misma naturaleza como los que alimenta el Maestro.
Si por desgracia sucede que el discípulo tiene algún pensamiento bajo, o incompatible con la mente del Gurú, levanta éste ipso facto en cuanto lo nota una barrera que le separa totalmente de la nociva vibración; mas para ello desvía momentáneamente la atención de su otra obra elevada y emplea determinada cantidad de energía. De nuevo nos apercibimos con claridad que le resultara imposible a un Maestro establecer una tan íntima relación con cualquier persona que cediese frecuentemente a pensamientos incompatibles con los suyos y le obligase a distraerse con frecuencia de su obra para rechazarlos perdiendo en esta incongruencia un precioso tiempo y energías.
No por estar carente de misericordia, falto de compasión o paciencia se niega un Gurú a hacerse cargo de un aspirante díscolo o inepto, sino porque semejante sujeto le distraería impidiéndole invertir provechosamente fuerzas y tiempo de manera efectiva cual es su primordial deber.
Si un aspirante hombre o mujer se conceptúa a si mismo merecedor de que por discípulo lo acepte el Gurú, y a pesar de sus creencias y supuestos méritos no se le ha concedido todavía tan señalado privilegio, deberá examinarse con sumo cuidado durante un solo día y observar de manera impersonal si tuvo algún pensamiento o deseo indigno del Camino del Maestro, recordando como vara de medir que no sólo son indignos en el discipulado los pensamientos y deseos concretamente impuros, sino también los frívolos, aquellos que son de ira, impaciencia, y sobre todo los apegos egoístas a objetos y personas. ¿Quién de vosotros está libre de ellos? ¿Aún os creéis merecedores de ser encontrados por un Maestro?
El Gurú del yoga procura por medio de su admirable comunicación con un discípulo armonizar y entonar a un grado sumo los cuerpos de éste, o sea el mismo resultado que todo maestro o profesor procura obtener de sus alumnos pero esta vez en su ambiente exclusivamente físico. Cualquiera que sea la materia de estudio y el procedimiento de enseñanza, en la vida física o el plano espiritual, el principal efecto resultante en el alumno no se obtiene de la perseverancia en resolver ejercicios didácticos sino de la constante presencia del Instructor ante el aspirante.
Los diferentes niveles energéticos o cuerpos del discípulo vibran en su acostumbrada tonalidad, y cada uno de ellos a distintas tonalidades de los demás por la influencia directa sobre las energías que los forman de pasajeras emociones y errantes pensamientos perturbadores de toda índole, por lo que la primera y más difícil tarea del aspirante es poner orden inmediato en este caos, eliminar todo interés de procedencia inferior (apego al mundo) y someter con firmeza los pensamientos fluctuantes por medio de una mantenida presión de la voluntad ejercida sobre todos sus cuerpos o niveles durante largos años de lucha.
Mientras el aspirante al camino del discipulado vive en el mundo, la dificultad de este dominio afectivo se multiplica por mil por la incesante presión proveniente de las perturbadoras oleadas mentales y emotivas propias y de sus familiares y amigos si no comparten su camino, llevándole al extremo en que no le dan punto de reposo, distrayéndole de lo esencial y no dejándole concentrar sus energías mentales y espirituales para hacer un positivo esfuerzo.
Por esta contundente razón, desde la antigüedad, aquellos que desean alcanzar la vida superior suelen retirarse al "desierto", pues en todas las naciones y en todas las épocas por remotas que sean hubo personas deseosas de vivir como eremitas en lugares apartados de la mundanal baraúnda donde la soledad y el silencio les permitía ordenar sus pensamientos, y libres de ruidos e impedimentos exteriores recibir auxilio espiritual contagiándose de la solemne calma de la naturaleza.
Pero quienes constantemente viven en presencia de un auténtico Gurú, tienen todavía mayor ventaja que en la soledad del ascético desierto pues el dispensador del Gurú Yoga ha calmado ya sus cuerpos y los ha acostumbrado a vibrar en rítmica, armoniosa y suave tonalidad en vez de conmoverlos con estrépito en tumultuoso frenesí. La arrulladora rítmica tonalidad de los cuerpos psíquicos del Maestro es vigorosa al par que firme, y día y noche influye sin cesar ni oscilar en los cuerpos del discípulo, tanto cuando se encuentra este en vigilia como en sueño, y gradualmente los va poniendo a tono con la vibración que proviene del Maestro. Este maravilloso resultado sólo puede obtenerse con el trascurrir del tiempo y la continuidad de la más íntima relación, aunque esto, como dijimos antes, no sucede con cualquiera sino con los estudiantes capaces de entregarse y totalizarse para la obra.
La mayoría de los Gurús no revelan nada al aspirante, o lo hacen solo en parte sus especiales métodos de desarrollo, manteniéndolos ocultos hasta después de obtener dicho resultado. Esto lo hacen con la finalidad de que no sean peligrosos en caso de abandono del sujeto que podría hacer de ellos una mala aplicación, porque los Maestros precisan que el estudiante esté verdaderamente preparado para recibir sus enseñanzas y bien sometido a su influencia espiritual para sostenerle con firmeza en el recto camino cuando sobrevengan la dificultad y la futura noche oscura del alma. Muchísimas son las ventajas en el camino del Gurú Yoga de quienes pueden estar en contacto estrecho con la mente iluminada de su Maestro.
Hay una tercera etapa en la senda espiritual de todavía más estrecha unión, cuando el discípulo de yoga literalmente se funde en el Gurú y llega a ser lo que se llama el "hijo" del Maestro, luego que el Instructor ha comprobado por dilatada experiencia las cualidades intrínsecas de su aceptado discípulo y tiene la seguridad fundada en la experiencia de que nada se levantará contra la obra en sus cuerpos emocional y mental que sea necesario repudiar. La capital diferencia entre el significado del título "discípulo aceptado" y el más cercano de "hijo" es que en el primero, aunque el individuo en el camino se identifica con la conciencia del Maestro, puede quedar en determinadas circunstancias que hemos analizado antes temporáneamente separado de ella, mientras que el hombre o mujer que es nombrado "hijo" por el Gurú, se encuentra en un grado de unión tan íntima y sagrada que nada en este mundo, ni aun el mismísimo poder del Maestro va a ser capaz de interrumpirla jamás una vez establecida.
Por lo tanto, vemos que en el camino del discipulado hay tres etapas o estados graduales de relación más o menos estrecha entre el Maestro y el discípulo:
1º El período de prueba en el que la persona buscadora se encuentra en el umbral y durante el cual aunque crea lo contrario, no es verdadero discípulo.
2º La etapa de discípulo aceptado en la cual la relación es estrecha pero existen ciertas restricciones en algunos casos.
3º El definitivo período de filiación. En el cual el discípulo se funde con la conciencia del Maestro.
Desde luego debemos comprender que estas relaciones espirituales poco o nada tienen que ver con las graduales iniciaciones o etapas del Sendero Místico cuya categoría y reglas que las ordenan son de todo punto distintas, pues estos niveles iniciáticos son las señales de relación del buscador no con su Maestro sino con la Gran Fraternidad Blanca y su innombrable muy augusto Jefe.
La Gran Logia Blanca no se preocupa en modo alguno del grado mayor o menor de las relaciones entre el Maestro y el discípulo ni se inmiscuye en ellas, que se dejan al buen juicio y a la privada consideración del mismo Maestro, quien cuando considera que el discípulo está preparado y reúne los requisitos para la iniciación lo notifica directamente a la Gran Fraternidad Blanca y presenta a esta Orden Universal al discípulo para recibir la regla que por grado le corresponde, sin que los Miembros de la Fraternidad exijan otra condición que la fiable palabra del Maestro y nada pregunten de cuanto respecta a las relaciones entre el discípulo y el Maestro.
Pero en esta conducta no hay posible error, como al candidato a la iniciación deben estudiarlo y proponerlo dos miembros de la Logia Blanca que hayan alcanzado el honorabilísimo nivel de adepto, cabe afirmar con certeza que el Gurú no propondrá al discípulo para la prueba de iniciación para probarle aun si no está totalmente seguro de su aptitud para ese grado, y esta seguridad que no admite duda sólo puede dimanar de la íntima identificación sin tara de la conciencia del discípulo con la del Maestro.
Cuando un buscador auténtico oye hablar de estas cosas en apariencia tan complicadas, acude a su cerebro la siguiente pregunta: "¿Cómo podré entonces ser discípulo de un Maestro? ¿Qué haré yo siendo tan insignificante para llamarle la atención?" Ciertamente no es necesario en ningún caso que dediquemos el mínimo esfuerzo en llamar la atención de los Maestros, si debemos ocuparnos de reunir los requisitos y estar preparados para su aparición y vivir como si esta fuera inminente, porque siempre sin pausa alguna andan en busca de personas que puedan serles útiles en la magna obra que tienen a su cargo, y por lo tanto no tenemos motivos para desconfiar ni hemos de recelar en lo más mínimo de que no nos detecten o prescindan de nosotros si nos hacemos merecedores de su divina atención.
Cuando un discípulo que se halla en la segunda o tercera etapa duerme por la noche, se relaciona con su Gurú, quien paternalmente le informa entonces de si hay alguna tarea especial para la que está preparado y de la que pueda encargarse impecablemente, y en caso de no haberla, le indicará que continúe su acostumbrada obra nocturna cualquiera de la que se trate.
Pero el discipulado no es un jardín de infancia, existen algunos díscolos quienes no haciendo caso al Maestro, continúan perpetuamente poniendo dificultades y pegas a sus consejos en vez de entregarse. Este tipo de conducta es suicida en el camino, ya que les ocasionara en un futuro crueles sufrimientos porque en su momento menospreciaron la advertencia del Gurú y se lanzaron de manera imprudente a boicotear y posteriormente abandonar el discipulado, cuyo resultado fue inutilizarlos astralmente para el camino místico y para no ser más admitido por cualquier otro Maestro. Veamos los resultados que obtuvieron quienes abandonaron de esta guisa en vidas pasadas: Unos enloquecieron cayendo en el Inframundo, otros cayeron presa de perturbadores trastornos nerviosos y algunos más quedaron obsesos para siempre por entidades maléficas.
Para tener la absoluta seguridad de evolucionar sin riesgo hacia la Luz es indispensable hacerlo (como antiguamente se realizaba en la India y el Tíbet) en presencia de un cualificado Instructor o Gurú realizado. En el Gurú Yoga es costumbre que el discípulo se mantenga en contacto físico incluso viviendo con su Maestro, pues en Oriente todos saben que la primera y principal tarea de un Gurú es armonizar con la suya la perturbada aura del discípulo y anular totalmente las ordinarias condiciones de turbación que prevalecen en el mundo material, enseñándole a desprenderse distendidamente de ellas y vivir en santidad y absoluta calma.
El Gran Maestro actual nos trasmitió en una de sus primeras visitas a España: "Venid de vuestro mundo al nuestro", y esto cuando es el Gurú del Yoga quien se lo pide al discípulo, se refiere obviamente no a un cambio de lugar sino de estado de ánimo hacia la positiva disposición.
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Tanumanasi
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